Si hay una actividad en la que el síndrome del impostor es omnipresente es en la de escribir y publicar libros.
Sólo tienes que entrar en foros y chats sobre escritura y verás que prácticamente todos reconocen que su principal freno a la hora de escribir un libro es el síndrome del impostor.
Por esa razón he querido regalarte esta formación que tienes ante tus ojos. Para que puedas escribir un libro, si es lo que deseas.
Vamos al lío.
Las dudas más comunes en alguien que se plantea escribir un libro son estás:
– ¿Quién soy yo para escribir un libro?
– Yo no soy escritor.
– No sé escribir bien.
– Nadie me va a leer.
– No sé cómo se hace un libro. No sé ni por donde empezar.
Todas esas ideas nacen de una creencia cultural que tenemos muy arraigada. Y es creer que sólo las eminencias, científicos o expertos reputados poseen la capacidad y están legitimados para escribir y publicar libros.
Esta idea está tan instalada que incluso autores con varios libros ya a sus espaldas no se consideran a sí mismos escritores. Como el caso de Seth Godin, que ya hemos visto.
La idea de no ser un escritor “auténtico» o lo suficientemente bueno para formar parte del mundo literario es una de las que más alimenta el síndrome del impostor.
Fíjate que hasta Stephen King, uno de los escritores más prolíficos y reconocidos del mundo, ha confesado que al principio de su carrera sentía que no era un «escritor serio» y que su éxito no era merecido.
King decidió escribir a pesar de sus dudas, no se dejó amilanar por ellas y con el tiempo aprendió a confiar en su propio proceso y vio que la mejor forma de atraer la inspiración y de superar el miedo al fracaso era escribir y escribir. Y hacerlo todos los días.
Párate a pensarlo un momento: ¿qué es un escritor auténtico?
Para mí la respuesta está clara: alguien que escribe. Punto y pelota.
Independientemente de si te ganas la vida con ello o no.
Si simplificamos las cosas y aplicamos la psicología práctica de Barrio Sésamo y de Forest Gump: “tonto es el que dice tonterías”.
Podemos decir sin ningún tipo de dudas que:
Lector es quien lee.
Caminante quien camina.
Y escritor quien escribe.
¿Escribes? Entonces eres escritor.
Cuanto más escribas, más escritor serás. Mejor escritor serás.
Lo de ser buen o mal escritor es muy subjetivo. Una vez que escribes con corrección, todo lo demás depende de los gustos de los lectores. Como decía mi padre: «para gustos, los colores»
Otra cosa es un escritor profesional: alguien cuya profesión es la de escribir. Es decir, es su trabajo principal. A lo que más tiempo dedica. Independientemente de si se gana bien la vida con ello o no.
Aclarado eso, veamos y desactivemos una a una esas dudas bomba que mencionaba más arriba:
– ¿Quién soy yo para escribir un libro?
Eres una persona con una historia, experiencia o conocimiento que te gustaría compartir porque crees que le puede interesar o servir a otras personas.
Y tienes el mismo derecho, oportunidad y deseo de hacerlo que Miguel de Cervantes o Viktor Frankl.
-Yo no soy escritor.
Ya te lo he dicho, si escribes eres escritor. No le des más vueltas. No compliques algo que es así de simple y evidente. Aplica la psicología de Barrio Sésamo.
– No sé escribir bien.
Eso es algo que se soluciona leyendo y escribiendo. Y también puedes apoyarte en correctores, editores, redactores y demás profesionales de la escritura. ¿O es que te crees que Tony Robbins, Arturo Pérez-Reverte o Marian Rojas no cuentan con ese apoyo?
Detrás de este pensamiento y del anterior (yo no soy escritor) está el miedo a exponerte y a ser juzgado. A que digan que tu libro es una mierda.
Eso no sólo no es malo, sino que es muy bueno.
No. No se me ha ido la cabeza.
Presta atención a lo que te voy a decir.
Atiende atentamente:
Ningún escritor a lo largo de la historia ha escrito un libro que guste a todo el mundo. Nadie.
Ni Shakespeare, ni Cervantes, ni Lao Tsé, ni Wayne Dyer, ni Jorge Bucay, ni J.K Rowling… Todos ellos reciben críticas de personas que piensan que sus obras no valen la pena.
Y eso es bueno.
Sí. Una de las mejores cosas que te puede pasar como escritor es que tu libro no guste a todo el mundo.
Si crees que estoy borracha ya te digo que no lo estoy: a más detractores tenga tu libro, más seguidores y defensores tendrá también. Aunque te parezca que no tiene ningún sentido, lo tiene.
Porque eso hace que no pase desapercibido. Y que despierte curiosidad e interés. Y que la gente quiera ver de qué va. Y que lo compre. Y que lo lea.
Fíjate. La Biblia es el libro más leído de todos los tiempos. Y no gusta a todo el mundo. Tiene millones de defensores y de detractores.
No quieras gustarle a todo el mundo. Escribe lo que a ti te guste y desea que te critiquen.
– Nadie me va a leer.
Eso es altamente improbable. Alguien te va a leer fijo. Puede que sean 10 personas o tres millones. Eso nunca lo sabrás hasta que publiques.
La única forma de saberlo es escribir el libro y publicarlo. No hay más.
Hay decenas de casos de escritores y de libros por los que las editoriales creían que no iban a interesar al público y, sin embargo, se convirtieron en superventas.
Uno de los más conocidos es El Alquimista de Paulo Coelho. Ese libro fue rechazado por decenas de editoriales. Al final una pequeña editorial independiente de Francia lo publicó. Hoy es uno de los 5 libros más vendidos de todos los tiempos.
– No sé cómo se hace un libro. No sé ni por donde empezar.
No me cuentes milongas.
Hoy día existen cientos, por no decir miles, de webs t videos gratis que te explican cómo empezar. También hay libros, cursos online y profesionales que te asesoran (esa es una de las cosas, por ejemplo, que yo hago).
Otra creencia errónea muy relacionada con el síndrome del impostor es sentir que «todo ha sido dicho ya».
Esa idea te puede hacer pensar que lo que quieres contar no es lo suficientemente novedoso o importante para merecer la atención de los lectores.
Ni todo ha sido dicho. Ni se ha dicho de todas las formas posibles. Ni se ha dicho de la forma que atraiga/interese a todo el mundo. Para nada.
Y, por supuesto, no se ha dicho a tu manera.
No hay absolutamente ninguna razón objetiva para que no escribas.
Si no escribes es porque buscas motivos para no hacerlo. Como los buscas, los encuentras, y después decides creértelos.
Hasta el físico Stephen Hawking escribió varios libros a pesar de tener una esclerosis que le impedía hablar y mover cualquier parte de su cuerpo excepto los ojos. Escribió muchísimo y lo hizo con un ordenador que leía los movimientos de sus ojos.
Si él pudo escribir varios libracos en esas condiciones, tú no tienes impedimento, a no ser que ni siquiera puedas mover las bolas de los ojos.
Busca una historia o un conocimiento que tengas y que creas le pueda interesar a otras personas y compártelo. ¡Y deja de buscarle cinco patas al gato!
No necesitas ser astrofísico para escribir un libro que interese. Puede que seas una administrativa súper fans de las películas de dibujos animados, que las hayas visto y estudiado tanto que te hayas dado cuenta de que hay cinco tipo de personajes que siempre se repiten en las películas taquilleras y que decidas escribir un libro sobre ese tema.
Ese libro será curioso e interesante para creadores de guiones de pelis, hasta aficionados a esas películas para escritores que no saben cómo crear personajes…
No le des más vueltas. Te lo voy a decir alto y claro: lo único que te impide escribir es que tú te crees tus propias excusas.
Mañana te contaré cómo nace el Síndrome del Impostor, qué lo alimenta y la forma más eficaz que conozco para hacer que desaparezca igual de fácil que si soplaras una voluta de humo de un cigarrillo.