No me interesa el dinero para comprarme 3 coches, 2 chalets, 1 barco y 100 trajes. Oye, que si a ti eso es lo que de verdad te hace feliz, adelante ve a por ello.

Ah! otra cosa que quiero aclarar, cuando digo poder hacer lo que quiera, no me refiero a hacer sólo lo que me gusta. 

Hay muchos momentos en la vida que todos, yo también, tenemos que hacer cosas que no nos gustan, pero hay que hacerlas. Y las haces porque te mueve algo que te importa. Un bien mayor.

Por ejemplo, madrugas y te chupas ocho horas de coche en un día por estar y cuidar a alguien que quieres. Eso no lo haces porque disfrutes. Eso lo haces porque quieres hacerlo. Porque te importa esa persona. Porque quieres estar con ella en un momento duro.

A veces toca hacer cosas dolorosas, pero elegimos hacerlas y las hacemos con gusto, aunque a la vez nos duela. Una cosa no excluye a la otra.

Y esa es otra consecuencia de ser libre: hacer con tu vida lo que tú quieras hacer.

Si para ganar más dinero tienes que esclavizarte en un trabajo que te asfixia más que un abrigo en agosto, entonces tienes el orden de la vida cambiado.

Verás, anoche terminé de leer el libro Invisible, de Eloy Moreno, y hay una escena que te quiero compartir. Es la siguiente.

 

Es de noche y en una habitación de un hospital hay un padre que ha dado el relevo a su mujer para acompañar a su hijo adolescente que está ingresado.

– ¿Hoy tampoco trabajas, papá?

-No, hoy no, me han dado permiso para poder estar contigo aquí, cuidándote.  

– ¿Y no pueden darte esos permisos cuando estoy bien, cuando no estoy enfermo, para que podamos pasar más tiempo juntos?

Y fue ahí cuando empezó a dolerle el corazón. Esa noche intentó recordar las veces que él había estado en casa entre semana: cuando cogió aquella gripe tan fuerte, cuando tuvo un accidente en la mano, cuando se murió el abuelo, el día libre que pidió para acudir al entierro de su suegra… pero nunca le habían dado permiso para celebrar la caída de un primer diente, para enseñar a un hijo a ir en bici, para pasar juntos el día de su cumpleaños, para bañarse en la playa… en definitiva, para las únicas cosas importantes de la vida jamás le habían dado permiso en el trabajo.

 

Verás.

Hace un tiempo me di cuenta de que cuando somos adultos hay dos maneras de plantearte la vida.

Una se centra en el trabajo y todo el resto de tu vida gravita alrededor de tu actividad productiva.

Por ejemplo, tu sueño es ser cirujano. Uno de los mejores. Y todas las decisiones de tu vida están basadas en eso. Desde el lugar en el que vives, si tienes familia con hijos…

La otra pone en el centro el estilo de vida que quieres y en función a ella buscas el trabajo. 

Por ejemplo, tú quieres vivir en un sitio rodeado de naturaleza y poder desayunar con tus hijos y recogerlos del cole y jugar con ellos por las tardes, y entonces buscas un trabajo que te permita hacer eso. 

Te da igual si es barriendo calles, vendiendo ropa en una tienda o haciendo textos para webs desde tu ordenador… sólo quieres algo que para conseguir tu sustento y el de los tuyos. 

Y cuando digo sustento no me refiero sólo a comprar la comida, ropa, tener un lugar donde vivir… sino también a dar alimento emocional: el cariño, la atención, la escucha, la conversación, el juego…

No hay una mejor que otra.

En función de lo que tú quieras hay una que tiene más sentido que la otra. (Y sentido aquí no tiene que ver con la lógica, sino con el sentimiento y la emoción).

Hay una forma que te hace sentir bien. Mejor.  

Lo único es que tienes que tener claro qué es lo que a ti realmente te llena, te hace bien, te hace levantarte cada día (o al menos la mayoría de los días) con ilusión. 

 

¿Tienes claro cuál de esas formas es la que tú realmente quieres?

Si lo tienes claro, genial.

Si no lo tienes claro, para. Y hazte esa pregunta.

Date un paseo por el campo, el parque o la playa. Tú. Sin nadie más. Sin móvil. Sin música. Sin nada que te distraiga y te saque de ti. 

Escúchate. Presta atención más atención a tus tripas y a tu corazón que a lo que te dice tu cabeza.

Porque en nuestra cabeza hay tanta información, tantas voces (y la mayoría no son tuyas), que suele estar mucho más confusa que tus tripas y tu corazón (esos no se contaminan con las cosas de fuera. Eso lo explico con más profundidad en mis libros).

Mucha gente vive corriendo como pollo sin cabeza y sin tiempo para las cosas que a ella realmente le importan simplemente porque han entrado en un bucle infinito. 

Un bucle perverso, que han construido otros, que les hace sentirse tremendamente desgraciados.

Te diré una cosa: de ese bucle se puede salir.

Lo sé porque yo lo hice.

Y escribí dos libros en los que cuento por qué y cómo caemos en ese bucle y también cuento cómo salir y por qué es recomendable hacerlo.

 

Este es el primer libro.

Este es el segundo libro.

 

P.D. He acabado ya el libro Invisible. Me ha encantado. Te lo recomiendo muchísimo. Es un muy buen regalo para personas con hijos y también para chavales de a partir de 11-12 años.