Dos hombres y dos destinos

Por María López Mayol

En la laguna donde ahora viven libres mis yeguas y mula también hay más caballos. La mayoría son yeguas con potros jóvenes, aunque también hay algún castrado y mulos.

Son caballos de diferentes propietarios del pueblo de Teruel donde ahora resido.

Son ocho o diez propietarios, creo, pero sólo he visto a dos. Dos hombres. 

Tienen edades similares e intuyo que la formación y educación que han tenido también ha debido ser parecida.

Sin embargo, su manera de relacionarse y manejar a los caballos es distinta. Muy distinta.

Uno va prácticamente todos los días a dar una vuelta por la zona. Da igual si está nublado, llueve, hace frío o viento. Va. 

El otro va casi todos los días. Si hace viento y llueve, no va.

El primero suele ir a pie y casi siempre con un cubo con comida para animar a los caballos a que se le acerquen y así aprovecha para tocarlos y comprobar si están bien.

El segundo suele ir montado en un caballo. A veces simplemente bordea el perímetro de la zona, comprobando si el cercado eléctrico está bien o no. Otras, entra sobre su montura donde están el resto de caballos y comprueba el estado. Alguna vez entra caminando.

Cuando el primero quiere agarrar a una yegua o potro, lo hace de forma sencilla y rápida. Entra con un ramal y una cabezada, le acaricia, le pone la cabezada y con el ramal largo camina hacia la salida. El animal le sigue tranquilo.

El segundo cuando quiere asir a uno de sus caballos, estos se mueven, le esquivan nada más ver la cabezada. Se alejan de él. Lo evitan.

He de decir que no he visto ningún comportamiento agresivo ni duro del segundo hombre con los caballos, pero su energía y su manera de moverse entre ellos es mucho más fría.

Así que el segundo ha tenido que instalar un pequeño ruedo móvil donde pone comida dentro para que entren los caballos y entonces allí poder agarrar al animal que desea llevarse.

Dos hombres que están en un mismo lugar y unas circunstancias de partida muy similares, sin embargo, los resultados son muy distintos. 

Ser consciente del efecto que tiene tus pensamientos, tus decisiones y acciones te lleva a puntos, resultados y destinos muy diferentes.

Te lleva a que te vean y perciban diferente (eso es así con los caballos y con las personas) y a tener, por tanto, relaciones diferentes.

Y todo empieza tu mente. Si quieres aprender a poner la vida a tu favor sin necesidad de montar un corral, entra aquí y empieza a hacerlo.

Si prefieres seguir con tu vida igual que está, eso es cosa tuya.

Cuídate y disfruta del día.

P.D. El secreto para que tu vida fluya está en tu mente.

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